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lunes, 1 de mayo de 2017

BOHEMIA: Leoš Janáček

De Leoš me habría gustado profundizar más en la presentación relaizada en clase, pero con motivo del festival decidí dedicarle una entrada en el blog.

La verdad es que poca gente conoce a Leoš Janáček, quizás porque el sentimentalismo no se deja ver en sus partituras, a pesar de que esto no implique que su obras estén exentas de tensiones emocionales.
Nace en Hukvaldy en 1854, y dedica buena parte de su vida y de su esfuerzo profesional a estudiar el folklore de las regiones de Moravia y Bohemia, de forma rigurosa y sistemática, defendiendo que el lenguaje hablado debería ser el punto de partida de gran parte de la música.



Él aspiró a una melodía plástica, organizada según los ritmos y las inflexiones del discurso verbal, y, según una afirmación suya: "bebí en las melodías de la palabra hablada y esto me ha enseñado que todos los misterios de la música se resuelven en los motivos rítmicos y melódicos del lenguaje de los pueblos".



Otra gran fuente de inspiración fue la naturaleza y su fascinación casi mística que le despertaba: "me deleito en el canto de los pájaros, me impresiona cómo el ritmo se manifiesta de infinitas maneras en el universo inagotable de luz, el color y las formas que nos rodean. Mi música se rejuvenece en el contacto siempre renovado con la madre Naturaleza".



Su estética nace en el seno del Romanticismo, pero evoluciona hacia una armonía moderna, pulida y versátil, con ritmos concisos e incisivos con acentos marcados. Su orquestación es un torrente de luminosos colores y su discurso se aleja de las formas tradicionales, con una estructura como de mosaico, persiguiendo la variación continua de unos cuantos motivos.
Milan Kundera llamó "revolución del despojamiento" la originalidad de su música.



Janáček obtuvo el reconocimiento público por azar, pasados los sesenta años ya, al final de su vida, al igual que un amor apasionado, que cultivaba con la misma pasión y ardor juvenil que a su jardín musical.
Muere en Ostrava, en 1928.


lunes, 24 de abril de 2017

BOHEMIA: Antonín Dvořák

Antonín Dvořák nació en 1841, en Nelahozeves, en un entorno familiar que le encaminaba a un oficio alejado de la música. Sin embargo, su talento innato desvió su destino a escribir partituras sinfónicas, de cámara, vocales e instrumentales, de gran frescura y naturalidad, como su vida, que era sencilla y sin grandes pasiones (a parte de la cría de palomas y su afición por los trenes.
Él mismo afirmaba, en una carta de 1866, que era un músico checo normal. Pero él era más que un compositor de la región de Bohemia.



Brahms fue uno de los primeros en comprenderlo, pues afirmó que a él no se le ocurrían ideas principales por casualidad como le debía de ocurrir a Dvořák, quien tenía una inventiva abundante, con gran espontaneidad. Éstas características se transformaron principalmente en música absoluta, sin influencias literarias (al contrario que Smetana).
Gran parte de su producción se mantiene en el repertorio por su métrica, con gran animación y con originalidad en las modulaciones. También destacar su colorido tímbrico y sus melodías.



Se interesó por los cantos populares de todos los pueblos eslavos; escribió dumkas, polkas, furiantes, valses y mazurkas; sus oratorios fueron admirados e imitados en la Ingkaterra victoriana. En 1892 se le invita a dirigir el conservatorio de Nueva York.

En la cima de su carrera musical, escribió a su editor que él sólo componía por placer. Dos años más tarde, decide regresar a Bohemia, donde continúa enseñando y componiendo de manera fecunda hasta que muere en 1904.

Inicio del segundo movimiento de la sinfonía del nuevo mundo.


La obra que interpretó la banda del conservatorio de Segovia en el festival Musika Música fueron sus Valses de Praga:


lunes, 17 de abril de 2017

BOHEMIA: Bedřich Smetana



Bedřich Smetana nace en 1824 en Litomyšl, al este de Praga. Su familia favoreció el desarrollo de su gran talento y la gran vocación de un niño precoz que de forma autodidacta pronto destacó como pianista habilidoso y compositor rudimentario aunque entusiasta, el cual decía: "Con la ayuda y gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica".


Liszt le impresionó en su adolescencia como intérprete virtuoso y después como creador de una música con connotaciones dramático-teatrales. Es a partir de entonces cuando Smetana asume la idea del poema sinfónico, y su fama internacional se basó en la inspiración que emana de las obras que compuso en este género, y también de sus óperas, al resultarle más penoso escribir música absoluta/abstracta, sin ninguna inspiración extramusical.


Su lenguaje se desenvuelve maravillosamente en lo natural. Su gran e inspirado sentido melódico, su amor por el aire festivo y vital de las danzas populares, la melancolía de algunos paisajes, fascinación por lo épico y su sutil manejo para la orquestación, junto con su gran capacidad para comunicar sentimientos (había a veces incluso anotaciones explícitas en las partituras) crean una atmósfera inigualable y mágica.


Es considerado el primero compositor checo en la época donde los nacionalismos empezaban a asomar por Europa, intentando sacudirse los imperialismos. Hizo muchísimo por la música bohemia: composición, organización,...
Tras la relativa autonomía que se otorgó a la región de Bohemia en 1860, Smetana contribuyó a establecer una vida musical propia: implantó un programa regular de conciertos, ejerciendo la crítica musical noble y fundamentada, y dirigiendo la ópera checa.
En 1874 su sordera le apartó de sus cargos oficiales, y diez años más tarde, en 1884, la locura acabó con su actividad creadora y con su vida.

Las obras de Smetana que interpretamos en el festival Musika Música fueron las siguientes: sus Marchas Revolucionarias y El Moldava, poema sinfónico de su colección Mi Patria.